Silvia Maldonado
El bar de tlalpan
$28.000
PREVENTA
Cantidad de páginas: 140
Peso: 200 g
ISBN: 9786316682291
Temática: Literatura Argentina
Dimensiones: 20 x 13
Editorial: Paradiso
CANTIDAD
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Producto sin stock
¿Quién fue Ana Filippi, nacida en Colombia y desgraciada en amores?
¿Qué fue de su vida y de su muerte? Viva y muerta, Ana Filippi no dejó
de ser una andariega, una mujer militante y decidida. Fue también la más
entusiasta animadora del Bar de Tlalpan, un refugio de exiliados
latinoamericanos que, bajo el fragor de los tequilas, construyeron una
amistad indestructible. Son esos amigos los que van a reconstruir el
destino de Ana y su portentoso viaje post mortem cruzando el continente.
Novela coral de voces poderosas, que combinan lo íntimo y lo político, en
una trama que avanza como piezas de rompecabezas: pequeñas partes que
se entrelazan para darnos al final una imagen luminosa de personajes
inolvidables: la propia Ana, su hija Simonetta, el escultor Leandro
Vicálvaro, el despreciable Moresqui.
Sin pretender ser una novela policial, El bar de Tlalpan ofrece giros y
descubrimientos prodigiosos. Hay un humor latente que aleja a los
personajes de toda solemnidad. Hay también piedad, valientes gestos
solidarios y la testarudez de los que no se rinden jamás.
Los diferentes narradores también dejan su huella, tanto verbal como
ideológica. Silvia Maldonado construyó una novela que se abraza con la
mejor narrativa latinoamericana, esa que hace del lenguaje una fiesta.
Cada frase, cada página de este libro es un despliegue de cruces verbales
de todo el continente. Hace de las variantes regionales una florida lengua
común: gesto político y poético, ético y estético.
Narrar es recordar. El bar de Tlalpan es una novela que ahonda en el
recorrido trágico de una generación. Es un ejercicio sutil pero lacerante de
memoria, de duelo y, por qué no, de justicia. O de venganza, que a veces
se parece a la justicia.
Sergio Olguín
¿Qué fue de su vida y de su muerte? Viva y muerta, Ana Filippi no dejó
de ser una andariega, una mujer militante y decidida. Fue también la más
entusiasta animadora del Bar de Tlalpan, un refugio de exiliados
latinoamericanos que, bajo el fragor de los tequilas, construyeron una
amistad indestructible. Son esos amigos los que van a reconstruir el
destino de Ana y su portentoso viaje post mortem cruzando el continente.
Novela coral de voces poderosas, que combinan lo íntimo y lo político, en
una trama que avanza como piezas de rompecabezas: pequeñas partes que
se entrelazan para darnos al final una imagen luminosa de personajes
inolvidables: la propia Ana, su hija Simonetta, el escultor Leandro
Vicálvaro, el despreciable Moresqui.
Sin pretender ser una novela policial, El bar de Tlalpan ofrece giros y
descubrimientos prodigiosos. Hay un humor latente que aleja a los
personajes de toda solemnidad. Hay también piedad, valientes gestos
solidarios y la testarudez de los que no se rinden jamás.
Los diferentes narradores también dejan su huella, tanto verbal como
ideológica. Silvia Maldonado construyó una novela que se abraza con la
mejor narrativa latinoamericana, esa que hace del lenguaje una fiesta.
Cada frase, cada página de este libro es un despliegue de cruces verbales
de todo el continente. Hace de las variantes regionales una florida lengua
común: gesto político y poético, ético y estético.
Narrar es recordar. El bar de Tlalpan es una novela que ahonda en el
recorrido trágico de una generación. Es un ejercicio sutil pero lacerante de
memoria, de duelo y, por qué no, de justicia. O de venganza, que a veces
se parece a la justicia.
Sergio Olguín
