Daniel Schteingart
No somos un país de mierda (todavía)
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$29.900
PREVENTA
Cantidad de páginas: 288
Peso: 0.399 g
ISBN: 9789878016375
Temática: Sociología
Dimensiones: 21 x 14
Editorial: Siglo XXI
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Mejor país del mundo. País de mierda. País potencia. País invivible. Que nuestras ideas sobre la Argentina se mueven como un péndulo no es solo un detalle curioso. Cuando esas miradas llegan a ser las del gobierno, sus consecuencias son bien reales. De hecho, quienes creen que todo está roto no pueden ver lo que funciona. Quienes creen que todo funciona no pueden ver lo que está roto. Los dos polos miran al país, pero ninguno lo ve. Este libro es un intento de pensar la argentinidad no desde las tripas, sino con la cabeza y el corazón.
Sobre la base de datos y series estadísticas tratados con rigor y traducidos para todo público, Daniel Schteingart construye una novedosa cartografía económica y social de la Argentina. Su recorrido muestra inevitables claroscuros. PBI y esperanza de vida más altos que la media mundial, pero también inflación destructiva y trabajo precarizado. Baja mortalidad infantil y alta satisfacción con la vida, pero a la vez estructura productiva deteriorada y elevada percepción de corrupción. Sólidos valores democráticos y diversidad geográfica envidiable, pero bajos resultados educativos e ineficiencia estatal. Somos un país que vive mejor que antes, aunque peor de lo que pudo haber sido, y que se viene quedando atrás en la región y en el mundo.
Este retrato honesto, extremadamente útil (y sorprendente por momentos) nos dice que aún hay tiempo para proteger lo que funciona y corregir el rumbo sin volantazos. El todavía es todo.
Sobre la base de datos y series estadísticas tratados con rigor y traducidos para todo público, Daniel Schteingart construye una novedosa cartografía económica y social de la Argentina. Su recorrido muestra inevitables claroscuros. PBI y esperanza de vida más altos que la media mundial, pero también inflación destructiva y trabajo precarizado. Baja mortalidad infantil y alta satisfacción con la vida, pero a la vez estructura productiva deteriorada y elevada percepción de corrupción. Sólidos valores democráticos y diversidad geográfica envidiable, pero bajos resultados educativos e ineficiencia estatal. Somos un país que vive mejor que antes, aunque peor de lo que pudo haber sido, y que se viene quedando atrás en la región y en el mundo.
Este retrato honesto, extremadamente útil (y sorprendente por momentos) nos dice que aún hay tiempo para proteger lo que funciona y corregir el rumbo sin volantazos. El todavía es todo.
